| Los whiskies
de malta single de las Tierras Altas – Highlands –,
alrededor del río Spey, son al whisky lo que los caldos
clasificados y embotellados en châteaux son al Burdeos.
La más alta calidad se combina en ellos con la máxima
individualidad y distinción. Cada uno de ellos es soberbio,
identificable, consistente, y como ningún otro whisky
igual en el mundo. |
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Historia
Se han encontrado documentos de la destilación en Escocia
que se remontan al siglo XV. En los primeros tiempos, su producción
estaba ligada a las órdenes monásticas, y se
usaba con fines medicinales. Era conocido como “aqua
vitae”, el agua de la vida, o en gaélico, uisge
beatha. Uisge – que se pronuncia hosca – se transformó
con el tiempo en la forma ingles whisky.
Todo el Whisky elaborado
en Escocia, ya sea de cebada o de maíz, de las tierras
altas o de las tierras bajas, ya sea en alambique o en un
destilador continuo, es Scotch.
La inmensa mayoría del Scotch es una mezcla de todas
estas clases diferentes de whisky, lo que nos da una bebida
de aroma general inconfundible pero en muchos casos poco profundo.
Existen más de dos millares de estas mezclas o blendeds.
Contrariamente solo encontramos unos 100 whiskys individuales
elaborados en otras tantas destilerías. Es costumbre
dividir los whiskies en regiones geográficas, básicamente
son tres los Highlands –Tierras Altas – los Lowlands,
–Tierras Bajas – y los Islay y Skye.

Lowlands
Se elaboran al sur de la línea imaginaria que va desde
Greenok, en la costa oeste, hasta Dundee. Son whiskies más
ligeros, suaves y menos “turbosos” o ahumados
que los del norte.
Highlands
Los whiskies de la Tierras Altas son famosos por su fuerte
carácter, su clásica profundidad y su complejidad.
La mayoría de destilerías están situadas
en zonas rurales, cerca de riachuelos y arroyos.
La ribera del Spey es el corazón de las destilerías
del país, donde hay cerca de la mitad de las destilerías.
El río Spey nace en Badenoch y recorre unos ciento
cincuenta kilómetros hasta la costa de Moray.
Islay y Skye
En las islas se elaboran algunos de los whiskies de malta
clásico más peculiares. Acostumbran a tener
un intenso aroma y sabor a turba, lo que les confiere un toque
ligeramente medicinal. Son los más fáciles de
reconocer y el que los aprecie no beberá otra cosa.
La cebada
La cebada se ha cultivado en Escocia desde tiempos prehistóricos.
Se le solía llamar bigg o bere. Aunque se sigue cultivando
pequeñas cantidades de bere en la isla de Orkney, se
prefieren los modernos y naturales tipos de cebada para la
fabricación de whisky, ya que son ricos en almidón
y bajos en proteínas.
La cebada de las Highlands no es “grasa”, sino
muy rica en proteínas, lo que se traduce en más
aroma.
El malteado
Para transformar el almidón en azúcares solubles,
la cebada se coloca en agua y se deja germinar. En un momento
dado del crecimiento se seca la malta verde. Este proceso
se hace con hornos colocados sobre fogatas de turba, lo que
le da al whisky su amargo y ahumado sabor.
La fermentación
La malta molida se coloca en un tanque de remojo circular
o “mash turns” y se cubre con agua que se ha calentado
hasta 64ºC, lo cual estimula a las enzimas de la malta
a transformar el almidón en azúcar. De la “masilla”
resultante se desprende un líquido que se conoce como
wort o mosto, al cual se le añade la levadura para
iniciar la fermentación.
El destilado
El mosto fermentado se hierve en el primer alambique y se
condensa en las low wines o flemas. Las flemas se destilan
por segunda vez en el segundo alambique y de ahí, se
recoge un vapor de alcohol que con el tiempo llegará
a ser whisky.
La maduración
El alcohol que al final se desprende del alambique y se recoge
en el receptor de aguardiente no se puede llamar whisky hasta
que no ha madurado dentro de los toneles de roble al menos
durante tres años. Pero un whisky llega a su apogeo
con diez años o algo más.
Por razones que de momento ni la Ciencia puede explicar, el
whisky siempre ha envejecido mejor en toneles de roble que
hayan contenido Jerez. Debido a la creciente escasez y encarecimiento,
de estos recipientes, hace años que muy pocas destilerías
persisten en utilizarlos.
No es el caso de Glenfarclas, cada
año, como si de una promesa se tratara, John L.S. Grant
se desplaza al sur de España, a fin de seleccionar
y comprar las exclusivas botas de Jerez, que previamente hayan
contenido Fino y Oloroso.
año tras año continua adquieriendo nuevos toneles
de roble en los que vierten una selección de Jereces.
Esta mezcla reposará en España durante 2 largos
años antes de ser trasladado a Escocia, donde finalmente
será reutilizado para envejecer el whisky de malta.

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