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Como
tantas otras zonas vinícolas del mundo, también el Piamonte
sufrió el azote devastador de la filoxera. Y, al igual que ocurrió
en otras comarcas mediterráneas, el siniestro insecto devoró
no solo las raíces de la viña, sino que atacó insidiosamente
la memoria de los viticultores.
Medio siglo después
del ataque de la filoxera, las viejas variedades nobles mediterráneas
(Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, etc.) habían desaparecido
del viñedo italiano para ser reemplazadas por cepas más
productivas y 3rentables. Y lo que es curioso: los propios viticultores
de la comarca piamontesa comenzaron pronto a hablar de sus viejos "Cabernets"
como si se tratase de cepas extrañas y olvidadas. Sometidos a los
ukases de la administración y a la propaganda de sus caciques,
encajaban sumisamente todos los decretos que convertían a las antiguas
provincias vinícolas del Mediterráneo en productoras de
vinos de pasto. Y, sin rechistar -arruinados por la filoxera y por el
olvido de su esplendoroso pasado- aceptaron el exilio de viñedo
a las peores tierras de secano, la sustitución de la viña
por los bosques y cultivos más rentables, la proliferación
de los híbridos o de las variedades de zumo. y todas la aberraciones
que quieran imaginarse.
Angelo Gaja se rebeló contra esta incuria
del viñedo que, para los hombres del Mediterráneo, era una
renuncia a su pasado y a su propia cultura. Y desenterró las viejas
raíces del Cabernet Sauvignon para crear el pago de Darmagi: el
primer viñedo piamontés que volvió a ser replantado
de Cabernet Sauvignon después de la filoxera.
El pago de Darmagi se levanta a 300 metros
de altitud, en las cotas más altas del viñedo
de Barbaresco. Su producción es sólo de 38 H1/Ha.
Pero estas pequeñas vendimias producen un vino excepcional
que es hoy el orgullo de la familia Gaja: un tinto aristocrático
y altivo, muy marcado por los taninos frutales del Cabernet
Sauvignon, con una fabulosa complejidad aromática (bayas
de bosque, especias, ligeras notas de leña fresca,
aceitunas verdes y humo) y majestuosamente lento en el paso
de boca. La primera añada de 1982, que se puso a la
venta en 1985, se envejeció en barricas durante 8 meses
y permaneció durante un año en cubas de roble.
Todavía muestra en su carne joven las marcas brutales
de la madera verde de crianza; pero es ya un verdadero príncipe
y cuando las cepas vayan cumpliendo años, lucirá
una capa real de terciopelo.
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