Los vinos de Pétrus han adquirido una reputación legendaria. Parecen merecer todos los superlativos que les atribuyen y la devoción casi mística de los aficionados al vino.

Se trata de un vino único, el más concentrado y rico del Pomerol. Sus grandes añadas poseen una textura untuosa y una fortaleza en el paladar que recuerdan a un buen Oporto. Sin embargo, a pesar de su fuerza, su plenitud y su riqueza, el secreto de la grandeza de Pétrus reside en su remarcable equilibrio y su penetrante aroma, que lo diferencian, no sólo del resto de Pomerols sino también del resto de vinos.

Esta personalidad única se debe a la naturaleza del suelo de sus viñedos. Tanto en la superficie como en el subsuelo predomina la arcilla, al contrario de todos sus vecinos donde abunda la arena. Este suelo puede retener agua incluso en los años más secos. La uva Merlot encuentra aquí su superficie ideal. Por otra parte las cepas son muy viejas, y sólo se arrancan cuando sobrepasan los 70 años de edad. A diferencia de muchos otros propietarios el Sr. Loubat se negó a arrancar su viñedo después de las desastrosas heladas de 1956 y simplemente espero con paciencia a que las cepas se recuperaran, manteniendo así una gran cantidad de cepas curtidas, de una gran edad.

Por supuesto la fama de Pétrus no se justificaría si no tuviera asegurado uno de los mejores equipos de vinificación y elaboración. Jean-Cleaude Berrouet, uno de los  enólogos más reconocidos del mundo se encarga de vinificar este Château. Cuando las mejores uvas son recogidas en las mejores condiciones con rendimientos controlados y se termina la fermentación, se impone una estricta selección de los mejores caldos que se mezclarán para conseguir el Pétrus. En ocasiones, más de la mitad del vino es rechazado, usándose en vinos genéricos menores.

Pomerol

Tintos Burdeos