Fernando de Castilla

Bodegas Rey Fernando de Castilla recibe su nombre en honor de este rey, llamado también “El Santo”, que conquistó buena parte de Andalucía en el siglo XIII y que descubrió las cualidades excepcionales del suelo y el clima para producir vinos de calidad excepcional.
La historia de la bodega empieza con la familia Andrada-Vanderwilde, que tiene larga tradición en la zona y que hace dos siglos ya producían uva y vinos para la elaboración de vinos de Jerez.

En 1972, D. Fernando Andrada-Vanderwilde creó la marca “Fernando de Castilla” con la idea de producir un brandy de una calidad excepcional. Más adelante incorporó un Pedro Ximénez de alta calidad y un Vinagre de Jerez.
En las Bodegas Rey Fernando de Castilla, situadas en el casco histórico de la Jerez, se almacenan verdaderos tesoros de esta famosa región vinícola. Los brandies de la casa, de una suavidad y armonía perfectos, se elaboran con destilados de vinos blancos seleccionados, que inician su proceso de envejecimiento en barricas nuevas de roble francés y americano y lo completan durante un largo periodo en barricas que previamente han contenido vinos de Jerez de gran calidad.

Bodegas Rey Fernando de Castilla únicamente produce brandies de las más altas categorías, amparados por el Consejo Regulador de Brandy de Jerez, del que es socio fundador.
La gama de vinos de Jerez presenta los más selectos caldos de la zona, desde los finos más pálidos, secos y elegantes, hasta los vinos de sacristía más singulares. En los últimos años nuestros vinos han recibido las más altas distinciones nacionales e internacionales.
La colección no sería competa sin nuestros viejísimos vinagres de Jerez, embotellados en cantidades muy limitadas para garantizar una calidad inigualable.

La vocación de Bodegas Rey Fernando de Castilla siempre ha sido la de ofrecer los productos más selectos de Jerez, presentados de forma elegante y contemporánea para el consumidor más exigente.

Sistema de Soleras y Criaderas
El vino es envejecido por el “Sistema de soleras y criaderas”, según el cual las botas se montan en “andanas” unas sobre otras de acuerdo a su nivel de vejez. Las botas que contienen el vino más viejo se sitúan en el suelo, en la “solera”. Cuando el vino se extrae de estas botas para su embotellado, se remplaza con el vino del nivel inmediatamente superior (la “primera criadera”) la cual a su vez es refrescada con la “segunda criadera”, y así sucesivamente hasta llegar a la última criadera que contiene el vino más joven. Gracias a este singular sistema genuino del Marco de Jerez, los vinos más jóvenes son metódicamente mezclados con los más viejos, año tras año: estos ganan en frescura y juventud y aquellos obtienen el cuerpo y la solidez de sus mayores.
wwww.fernandodecastilla.com
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